Yo digo: sí a la vida

Muchos no estarán de acuerdo con lo que aquí expreso; apelo entonces al tan exigido hoy derecho a la libertad de expresión y a qué mi opinión sea tan válida como las demás.

Son muchos los que hoy niegan la existencia de una ley natural, una ley anterior a cualquier establecimiento jurídico-positivo de cualquier ley o constitución humana. Una ley que existe previamente, que está “inscrita en el corazón del hombre”. Muchos no están de acuerdo hoy con el iusnaturalismo pero indirectamente apelan a él. Claro es el caso cuando una ley establecida por el gobierno, se apela que “no se puede acatar”, y se juzga injusta y contraria a lo que por razón pensamos.

Recientemente en España se ha discutido sobre la Ley del Aborto. Y cierta política, ha alegado que qué le habían hecho las mujeres para quitarlas “su libertad a cómo decidir sobre sus vidas”.

Me parece que el ser humano ha tenido en sus manos carga explosiva que le va explotando por momentos. El ser humano se ha creído dueño de todo cuanto le ha venido. Ha perdido de frente sus limitaciones. Se ha querido alzar por encima de todo, aun teniendo claros y naturales avisos: nunca ha podido estar por encima del acontecimiento de catástrofes naturales, ni por encima de las enfermedades incurables. Ha tenido muestra de que no es omnipotente.

El ser humano hoy en día alega tanto a la ciencia, que cuanto más descubre el funcionamiento del medio ambiente, de la biología, más maravillado se queda. Y se convence de que todo tiene un por qué, una causa, un fin.

Pero el ser humano no podrá nunca llegar a decidir sobre la vida. Ciertamente es la unión del hombre y la mujer, la unión del óvulo con el espermatozoide los que crean la vida, y ciertamente son el hombre y la mujer los que deciden la decisión de la realización del acto. Pero no son ellos ya los que deciden acerca de la vida del otro.

Hoy se niega la posibilidad de la vida. Hoy, grupos protestan e incluso se alzan contra gobiernos que “imponen” leyes y oprimen al pueblo, y buscan ­–con razón y pleno derecho– libertad para realizarse como personas. ¿Por qué no se le confiere esa misma libertad al ser que se está gestando para nacer? ¿No se supone que nadie puede interrumpir lo que “la sabia naturaleza decide?

Hemos redactado unas leyes a raíz de los conflictos armados buscando el bien común: la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuyo artículo 3º dicta: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”.

¿Es que no nos damos cuenta de que la defensa de la vida no es una cuestión de ser progre o no progre? La ley civil tiene como objetivo la convivencia, no la moral. La defensa de la vida no es un juego, o un monopolio de un grupo reducido de personas. La defensa de la vida es de ley natural: uno vive en tensión entre la vida y la acechanza ­–por lógica– cada vez más cercana de la muerte. Unos padres defienden a sus hijos del peligro, a sus ancianos también para alargar la vida a toda costa.

El embrión que todos un día fuimos, no es un órgano más del cuerpo que se puede extirpar. Es un ser humano. Y por naturaleza, se quiso hacer el precioso don de la reproducción al ser humano de ser el protagonista de la historia de la humanidad, hasta ser el protagonista de la vida. Una vida que todos un día recibimos, y que todos aquellos que incluso promueven la cultura de la muerte recibieron y no se les ha negado.

No estoy entrando aquí a casos de malformaciones, o violaciones –que no son la mayoría– y que no están exentos de tensión moral y de conciencia en las decisiones. Precisamente porque el ser humano es limitado, no entiende y no se puede sentir dueño de todas las situaciones. Pero lo que no puede hacer es sentirse dueño de la vida del otro hasta el punto de decidirle si lo da a luz o no.

¿Por qué no apostar por la vida? ¿Por qué no apostar por ayudar a esas madres con tremendas dificultades para mantener al hijo que va a dar a luz? Abramos los ojos. Tanto que nos escandalizamos por matanzas, genocidios… Y cuan hipócritas somos.

Tampoco están exentos de mi crítica los grupos pro-vida que aparecen desde las clases ricas, que muchas firmas que recogen, pero no aportan después todo aquello material que podrían a favor de la vida. Hay incluso grupos extremistas de ultraconservadurismo que defienden la vida matando, sea realmente o sea la dignidad de la persona, del “otro”, que contraproducentemente acaban dando más razones para que los grupos de razón abortista sigan actuando. Dichos grupos podrían invertir su dinero, su esfuerzo en fundaciones que promuevan la vida desde el amor.

Este es el valor que hay que promover: el amor –aunque como siempre hay gente que negará también la existencia del amor. Sólo así, el hombre volverá a su verdadera identidad, ser capaz de amar, capaz de entregarse al otro, de transmitir vida, una vida cuyo fin es la felicidad. Así, comprenderá el sentido de la justicia, lo que es y no es justo. Vale más una imagen que mil palabras, y vale más un hecho que mil imágenes. Ya se ha hablado bastante, y se han dado bastantes argumentos a favor de la vida. Llegó el momento de bombardear con el amor la cultura de la muerte vivida hoy en el mundo occidental: con el ejemplo. Con la propia vida de cada uno de nosotros.

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23 de abril: Día del Libro

No quería terminar mi jornada de hoy sin hacer una breve mención al Día del Libro. Y más que al día en sí, a los grandes Miguel de Cervantes y William Shakespeare.

Ambos escritores, ambos de la misma época, en dos lugares distintos: España e Inglaterra.  Dos potencias, dos siglos de oro. Dos incansables escritores, cuyos escritos son dónde más, dónde menos, obligatorios de leer para los estudiantes. Me acuerdo cuando me hicieron leer en bachillerato el Don Quijote por partes y examen del libro… Qué pesado se hacía entonces. Pero que orgulloso estoy ahora de haberlo hecho. The Passionate Pilgrim, buen libro donde lo haya, cayó por casualidad en mis manos…

No me considero superior a nadie por ello, pero sí contento conmigo mismo. Y me gustaría que las generaciones que vienen detrás de mí, no renunciaran a la cultura. Porque muchos al igual que yo pensé en su época, estarán asqueados porque no se entiende, porque es largo… Da igual. Es una obra de arte, una obra de cultura. De dos grandes que animaron a alguno a evandirse de aquella época de agitaciones: para España, la batalla de Lepanto; para Inglaterra, la consumación del cisma anglicano.

Ahora pensando más tranquilamente me viene a la cabeza decir: cuántas personas se habrán leído estas obras a lo largo de las generaciones. Un libro compartido por cinco siglos de humanidad. O lo que puede ser lo mismo: un libro leído y compartido por nuestros semejantes durante cinco siglos.

“Señores, hay libros que deben de leer al menos una vez en la vida”. ¡Cuánta era la razón que llevaba mi profesor de lenguas clásicas!

Fomentemos la lectura. Por favor, no dejemos que nuestros menores crezcan en la incultura. Seamos conscientes de que lo que realmente une a las personas de todas las épocas, es el fruto de su expresión cultural, literaria… Apreciemos el gran don dado exclusivamente a la humanidad: la escritura, mediante la cual tanto se nos ha transmitido.

Ojalá que nunca caigan en nuestro olvido. Dicen que uno nunca muere hasta que no lo olvidan… No olvidemos a nuestros predecesores. Los libros son el medio que nos los acercan y retienen para poder seguir teniendo amistad con ellos. Y seamos buenos lectores, y ya saben: el buen lector es el que al final de un libro es capaz de escribir una página más.

Gracias a todos los autores por compartir su ingenio con el resto de la humanidad.

 

 

22 abril: Earth Day

ImageEn muchos lugares el día 22 de abril se ha celebrado el Día de la Tierra, de muy diversas maneras: espacios ecológicos, charlas informativas en colegios, lugares de acción “planta tu árbol”… Indudablemente es un día en el cual se ha querido que el ser humano tenga en consideración el lugar en el que vive; la propuesta es noble.

Pero desgraciadamente, muchas veces los Días Internacionales se quedan para el hombre como pasar el día en un parque temático. Queda muy bonito tener presente el tema de la Tierra durante su día, pero, ¿y mañana?

Me pregunto hasta qué punto somos conscientes de que la Tierra es nuestra casa, nuestro hogar. Hasta qué punto somos conscientes del gran regalo que tiene el ser humano de vivir en un lugar tan universal, un lugar en el cual todos pisamos el mismo suelo, el mismo suelo firme que nos sostiene. Un suelo que bajo nuestros pies nos iguala a todos, pues todos lo necesitamos. Una tierra que produce todo lo necesario en la actualidad para alimentar a 12 mil millones de personas, y donde residen 7 mil millones. Una tierra en la cual el hombre tiene la oportunidad de poder desarrollarse, hacer su vida. Una tierra que no pone límites al desplazamiento humano ni separa familias por sí misma…

Vivimos en una tierra en la que se nos regala todo lo necesario, tierra que el hombre está destinado a trabajar para su sustento y el de sus semejantes… Una tierra que engloba otros, animales, plantas, que están al servicio del ser humano.

En la tierra se desarrolla la cadena de la vida biológica: ecosistemas, animales grandes, más pequeños, plantas, el hombre… Un ciclo natural, de movimientos terrestres, clima… Un cosmos –del gr. “orden”– en el que todo tiene sus razones naturales; y un origen maravilloso.

Pero el hombre ha pretendido ponerse por encima de lo establecido. El hombre ha perdido de frente el regalo de la vida. Cada vez se respeta menos a sí mismo; por ende, respeta menos a sus semejantes; y a su vez, no respeta la tierra. Se ha tomado la libertad de “ser libre”: se hizo el dueño incondicional de la tierra, y empezó a soltar bombas, humos… No tenía donde tirar los escombros y empezó a utilizar el mar, el lugar que no le corresponde… Y empezó a matar peces, a extinguir otros animales…

Quiso sentirse dueño, y comenzar a subir por las nubes terrestres, y empezó a limitarle los recursos a sus hermanos. Quiso alzarse sobre su fortuna, y acumuló capital a costa de destrozar la tierra, y destrozar a los suyos.

Es comparable al proceso de desertización: la tierra se seca, y va quedando desierta. Igual que le pasa al corazón del hombre: se reseca al perder de frente lo que es, lo que está llamado a ser, y su corazón queda desierto, árido, incapaz de apreciar el regalo de la vida, su vida, y la de los demás y lo que le rodea.

Y sale otra actitud muy humana: busca a Dios a quien echarle las culpas de su irresponsabilidad, después de decir que no ha sido libre en sus actos. Lo busca, porque sabe que en el fondo, la culpa no es de nadie más que del propio ser humano.

Feliz transcurso de vuestra vida en la Tierra, en nuestra Tierra, la hermana Tierra.

Aquí adjunto un enlace a una canción que dice “algo” sobre la Tierra: https://soundcloud.com/deme-rossi/oda-planeta

Profunda crisis de conciencia, libertad y verdad en la sociedad

La característica del ser humano es su capacidad cognitiva, su capacidad de razonamiento, de decisión, de ser consciente de los hechos que le rodean. Para ello, el clima de la libertad en una sociedad democrática innegablemente tiene muchos aspectos positivos, y creo que así debe de ser. Todos se sienten orgullosos de ello: libertad de acción política y sindical, libertad de reunión, libertad de culto…

El ser humano, a lo largo de su vida, se plantea también cuestiones acerca de sí mismo, cuestiones que siempre han sido planteadas filosóficamente, con diversas respuestas, ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿hacia dónde voy?… Y la gran pregunta “¿qué es la verdad?”.

En el momento actual, se relega a un plano inferior la verdad. Hoy en día es común decir “no hay una verdad”. La otra premisa es que todas las opiniones son igualmente de válidas… Si esto es así, ¿cuál es el criterio de juzgar qué es la verdad?

La percepción que tengo es que no se busca la verdad por miedo a que perjudique los intereses de algunas personas. De esta manera, entran en juego estos dos términos tan temidos por todas las generaciones, y por todos los grupos: verdad y libertad.

La libertad, cuanto más se aleja del respeto al ser humano y a sus derechos y deberes, se reduce a una simple formalidad, una palabra vacía y peligrosa, bajo la cual se puede argumentar cualquier cosa. La libertad es una propiedad del ser humano: el ser humano exige su libertad, es el capaz de manifestarse, salir a la calle a luchar por ella… el que sufre por su libertad. Porque cuando su libertad es restringida, no se desarrolla en su plenitud como persona.

El común de personas a quienes he preguntado me ha respondido, someramente, que la libertad es una capacidad de elegir y hacer cualquier cosa. Vaya. Si discrepas, te discuten. Y, ¿por qué se discute el significado que le dan unos y otros a las cosas si no hay verdad? Y entonces comienza el asunto: “eso no es así… no tienes razón…”; o lo que sería lo mismo, eso no es verdad.

Predomina una regla, la regla del “todo vale”… Todo vale: vale el terrorismo, vale la opresión de los demás para crecerme yo, vale violar compromisos con la sociedad, para triunfar… Pero cuando la injusticia nos toca a nosotros mismos… Vaya… “¡Qué injusticia!”

Hoy en día, hay muchas personas, que gracias a que los estudios son más cercanos, los medios son más difusivos que antes, son capaces de pensar y buscarse una opinión por sí mismos de las cosas. Y siempre se busca opinar y compartir opinión para buscar una verdad. Pero el interés por la verdad, la objetiva, debe ser mucho más profundo que el simple deseo de una veracidad: debe referirse a la verdad de la existencia humana.

La libertad florece realmente cuando sus raíces radican en la verdad del hombre. ¿Cuál es? Muchos desconfían de aquellos que se plantean la pregunta de la verdad del hombre, y que pretenden encontrar una respuesta válida para todos. Enseguida se sospecha que quien se pregunta por la verdad de todo, el por qué de las cosas, tiene una estrategia de dominio, y si encuentra la respuesta dominará a los demás. Por otra parte están los colectivos que pretenden demostrar que tienen respuestas para todo lo que acontece, sin entrar en diálogo con nadie.

No quiero ser tampoco yo el que pretenda tener la solución a los problemas del mundo. Simplemente esta reflexión: tenemos una crisis, una crisis económica, una crisis social, una crisis de valores… Y entre todas las causas, es una crisis causada por el mal ejercicio de la libertad del hombre. La falta de búsqueda de la verdad perenne, y entender la libertad falsamente, ha llevado a que el hombre hiciera lo que le diera la gana, y ha llegado el punto de explotarle y sufrir las consecuencias de su libertad mal usada que está haciendo polvo al resto de sus semejantes.

Volvamos a preguntarnos -y yo el primero- qué es lo que hemos hecho mal, en qué nos hemos equivocado, qué es realmente la libertad –partiendo de la búsqueda del bien común–, la verdadera libertad… Eso contribuirá a plantear una forma de reconocer al otro semejante a mí, con los mismos derechos y deberes que yo. Sólo adquiriendo esta conciencia, podremos restarle importancia al capital que tenga cada uno, y reconstruir y reformar la situación actual.

Claro que… para algunos autosuficientes en todos los sentidos es más fácil (y necesario) decir directamente que ni la libertad ni la verdad existen… Quien tenga oídos, que oiga…

Crisis, pero, ¿de qué?

¿Cuál es realmente el problema de la gente? En estos escasos tres días, he podido apreciar en diversos ambientes cómo se posiciona la gente ante ciertos acontecimientos. Tan sólo enumero tres: las muertes de Sara Montiel, Margaret Thatcher y José Luis Sampedro.

No pido que se sepa la vida personal de cada uno de ellos, pero diversas fueron las reacciones.

Hay personas de unos 20 años que oyeron el apellido de Montiel escasas veces en su vida. Esa mujer que cantó, bailó, y se dedicó en resumidas cuentas al arte… Esa canción que más o menos conocemos “Bésame mucho”… Algunos no tenían ni idea de que era ella la autora… No se sabe que era una mujer que cuando se dedicó al cine, más de algún quebradero de cabeza le dió a las autoridades franquistas y a la censura, por sus vestidos, y actitudes “poco femeninas”. Pero bueno, dentro de lo que cabe, se puede no conocer a Maciel.

Vamos con una señora de fuera: Margaret Thatcher. No entro aquí si lo hizo bien, mal, regular… Me centro en el hecho. Margaret es de la quinta de Maciel, y fue ministra británica durante más de 10 años, e incluso aun después de cesar en el cargo, siguió siendo referente. Recientemente se hizo una película acerca de su vida. Pero a la que muere, muchas personas no saben quién era, personas de mi misma edad, algunos unos años más mayores… Se ve que la historia en las escuelas, sobretodo la contemporánea tampoco está muy afincada en los estudiantes. Recibí algunas respuestas como “¿Qué me importa que se haya muerto una mujer de fuera? o ¿Qué más me dan los problemas políticos de una época pasada en el Reino Unido?”. Pues me atrevería a decir que mucho. La sociedad se queja de la crisis, esa palabra tan escuchada… Una crisis que en su momento fue menos fuerte. Crisis, esas épocas que acechan a todos los Estados en todos sus regímenes y que deben buscar soluciones benignas para ellos… Esta mujer, lo haya hecho mejor o peor, las buscó… Pero algunos dirán ¿qué me importa? Importa en cuanto que de sus errores o aciertos podríamos plantearnos cómo avanzar. Importa en cuanto que podríamos “evitar” caer en los mismos errores, con las mismas o peores consecuencias… Importa conocer la historia que vivieron las personas que perdieron su vida más o menos trágicamente en situaciones de crisis, seres humanos.

Se nos llena – cuando nos interesa – la boca hablando del “hombre”, sus derechos, su bienestar, que debemos unirnos para un futuro mejor… No se puede tener un futuro mejor si no se tiene ni puñetera idea del pasado, para conocer qué consecuencias son fruto de ello en el presente. “Hombres (y mujeres)” son todos aquellos que pasan por la historia, aunque se mueran.

Y también, menciono a José Luis Sampedro. Un hombre que vivió, sobrevivió la Guerra Civil y continuó viviendo. Un hombre que, a mi parecer, pasó por todo un largo siglo XX en España, viendo las venturas y desventuras de un país dividido; una división que no en pocos momentos le amenazó su cátedra. Fue economista, aunque, yo lo seguí más como escritor y sobretodo algunos de sus artículos… Personas como él, creo que merecerían una atención especial; hay muchisimos que no sabían ni quien era. Y a muchos se les llena la boca hoy en día hablando de la crisis, de los problemas económicos… sin tener ni idea de economía, ni historia, ni haber visto las cuentas de su propia casa… Y es que, Sampedro utiliza un lenguaje simple para expresar conceptos básicos. Tal vez a alguno le estaría mejor entrar en la wikipedia de vez en cuando a hacer un paseito por la historia y ver a personajes importantes… Aunque claro… Es más fácil sentarse delante de la televisión a asentir a los informativos de crisis…

La primera y principal crisis que noto, subjetivamente, es la incultura general, la segunda, la indiferencia; y ésto, una pescadilla que se muerde la cola.

Presentación

Quizás este blog no sea leído por nadie o casi nadie, quizás no importe lo que yo aquí escriba, quizás… no sé, simplemente le sirva al que lea para reírse de mí… 

Mi objetivo no es que se me de ni la razón, ni nada por el estilo, simplemente, que quien lo lea pues piense el tema, y si quiere escribir algo pues ¡adelante! Más bien es esto para mí un lugar de mi libre expresión, escrita, que hoy está tan de moda, pero que a algunos sienta como una patada en el estómago…