22 abril: Earth Day

ImageEn muchos lugares el día 22 de abril se ha celebrado el Día de la Tierra, de muy diversas maneras: espacios ecológicos, charlas informativas en colegios, lugares de acción “planta tu árbol”… Indudablemente es un día en el cual se ha querido que el ser humano tenga en consideración el lugar en el que vive; la propuesta es noble.

Pero desgraciadamente, muchas veces los Días Internacionales se quedan para el hombre como pasar el día en un parque temático. Queda muy bonito tener presente el tema de la Tierra durante su día, pero, ¿y mañana?

Me pregunto hasta qué punto somos conscientes de que la Tierra es nuestra casa, nuestro hogar. Hasta qué punto somos conscientes del gran regalo que tiene el ser humano de vivir en un lugar tan universal, un lugar en el cual todos pisamos el mismo suelo, el mismo suelo firme que nos sostiene. Un suelo que bajo nuestros pies nos iguala a todos, pues todos lo necesitamos. Una tierra que produce todo lo necesario en la actualidad para alimentar a 12 mil millones de personas, y donde residen 7 mil millones. Una tierra en la cual el hombre tiene la oportunidad de poder desarrollarse, hacer su vida. Una tierra que no pone límites al desplazamiento humano ni separa familias por sí misma…

Vivimos en una tierra en la que se nos regala todo lo necesario, tierra que el hombre está destinado a trabajar para su sustento y el de sus semejantes… Una tierra que engloba otros, animales, plantas, que están al servicio del ser humano.

En la tierra se desarrolla la cadena de la vida biológica: ecosistemas, animales grandes, más pequeños, plantas, el hombre… Un ciclo natural, de movimientos terrestres, clima… Un cosmos –del gr. “orden”– en el que todo tiene sus razones naturales; y un origen maravilloso.

Pero el hombre ha pretendido ponerse por encima de lo establecido. El hombre ha perdido de frente el regalo de la vida. Cada vez se respeta menos a sí mismo; por ende, respeta menos a sus semejantes; y a su vez, no respeta la tierra. Se ha tomado la libertad de “ser libre”: se hizo el dueño incondicional de la tierra, y empezó a soltar bombas, humos… No tenía donde tirar los escombros y empezó a utilizar el mar, el lugar que no le corresponde… Y empezó a matar peces, a extinguir otros animales…

Quiso sentirse dueño, y comenzar a subir por las nubes terrestres, y empezó a limitarle los recursos a sus hermanos. Quiso alzarse sobre su fortuna, y acumuló capital a costa de destrozar la tierra, y destrozar a los suyos.

Es comparable al proceso de desertización: la tierra se seca, y va quedando desierta. Igual que le pasa al corazón del hombre: se reseca al perder de frente lo que es, lo que está llamado a ser, y su corazón queda desierto, árido, incapaz de apreciar el regalo de la vida, su vida, y la de los demás y lo que le rodea.

Y sale otra actitud muy humana: busca a Dios a quien echarle las culpas de su irresponsabilidad, después de decir que no ha sido libre en sus actos. Lo busca, porque sabe que en el fondo, la culpa no es de nadie más que del propio ser humano.

Feliz transcurso de vuestra vida en la Tierra, en nuestra Tierra, la hermana Tierra.

Aquí adjunto un enlace a una canción que dice “algo” sobre la Tierra: https://soundcloud.com/deme-rossi/oda-planeta

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